Una "mirada" desde el otro lado...
¡Qué bueno, leerte compañero! Es cierto que hemos tardado en establecer el primer contacto pero no debemos olvidar que, a veces, las cosas buenas se toman su tiempo y eso les da un sabor especial. ¿Recuerdas cuando invertíamos horas en escribir una carta a mano, y cómo al hacerlo tratábamos de redactar de forma que nuestros trazos transmitieran lo que queríamos contar? Esas cartas que con tanto esmero escribíamos tardaban días en llegar a su destino, alejando el momento de su creación del de su lectura, generando impaciencia, expectación, anhelo, deseo... ésto es lo que las hacia especialmente bonitas, porque no hay nada en este mundo más maravilloso que soñar con algo durante un tiempo y finalmente conseguirlo...
Te veo ya correteando por Bolivia y eso me encanta, se que debes estar tratando de adentrarte en los corazones de esos niños de los que hablas, y seguro, conociéndote, no tardarás nada en lograrlo. Es curioso comprobar lo diferentes que puede llegar a ser el carácter de las personas de un extremo al otro del planeta. El ambiente moldea a las personas, las hace alegres y resueltas en los países cálidos y calladas y reservadas en los fríos,... Recuerdo
especialmente con cariño a los niños de Afganistán, sobre todo tengo grabado a fuego sus ojos. Los más pequeños se tienen que adaptar a la situación que les ha tocado vivir y si bien es cierto que la inocencia de los más jóvenes es parecida en todas partes, las miradas de éstos nos muestra una realidad que a veces se nos escapa a los que venimos de fuera. Las guerras tiñen las pupilas de tonos oscuros, ocres y grises y sólo a veces, entre la oscuridad de las miradas, se escapan sonrisas luminosas que lo impregnan todo, sonrisas más sinceras que las que podamos ver en nuestro entorno occidental o por lo menos distintas.
Cuando viajamos cargamos a nuestras espaldas con un montón de prejuicios estúpidos, llevando muchas veces miedos y desconfianzas que nos hacen opacos ante lo que tenemos delante de nuestras propias narices. Mi hermano, el viaje requiere de una adaptación al mal de altura, al agua de bebida, a la mirada gacha de las personas y sobre todo a nuestra pesada mochila de ideas preconcebidas.
Recibe el más fuerte de los abrazos desde el otro lado del mundo. Espero con ganas, pero de forma paciente, tus próximas palabras...

Lo primero que tuvimos que hacer al llegar es protegernos del “soroche” que es como se llama en quechua al mal de alturas. En el aeropuerto de El Alto hay un cartel que reza ¡No es el soroche, es la emoción por estar tan cerca del Sol!, yo no sé lo que es pero la primera semana nos la hemos tenido que tirar en casa sin hacer ningún esfuerzo físico y bebiendo constantemente “mate de coca”, o sea, infusiones de la hoja de coca… mano de santo. Resulta curioso como la madre naturaleza (la Pachamama) hace crecer a grandes alturas la planta ideal para combatir el mal de alturas. Aunque esta primera semana no sufrí ningún ataque de soroche, los efectos leves de la altitud se hacen notar, en el momento en el que intentas hablar o moverte más de la cuenta, se te dispara el corazón y te falta el aire, así que de fumar olvídate.
La ciudad es muy grande, con las infraestructuras un tanto pobres y como las calles no están asfaltadas y el clima es muy seco nos la pasamos tragando polvo. La primera impresión sobre los habitantes fue tan fría como la ciudad, la gente parece tímida, retraída, no te mira cuando te habla y esto unido a que más que hablar susurran hace difícil saber si te habla a ti, también me pareció que tienen cierto rechazo o miedo al extranjero. Pero esto es solo a primera vista, como todo, cuando comienzas a mezclarte comienzas a comprender. Lo primero es que el frio y la altura imponen una actitud de “economía”, economía del lenguaje, economía de los movimientos, economía de las relaciones, si no economizas te fundes. Otro aspecto es que aquí, la mayoría de la gente son “cholitas” y “cholitos” esto es, inmigrantes de etnia indígena provenientes del campo de muy bajo nivel cultural y económico, eso unido al momento político “Anti gringo” que vive el país de mano de Evo Morales hace que desconfíen de lo extranjero y que no se peleen mucho por ser nuestros amigos. Independientemente de estos caracteres generales, la gente individualmente es muy legal y están dispuestos a la ayuda y el contacto, eso sí, siempre tienes que ser tu el que dé el primer paso.

